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TORTURA, IMPUNIDAD Y EL ABSOLUTO VACÍO DE PODER BAJO EL MANDO DE ÓSCAR ALBERTO APARICIO EN CHIAPAS

DiarioBonampak

TORTURA, IMPUNIDAD Y EL ABSOLUTO VACÍO DE PODER BAJO EL MANDO DE ÓSCAR ALBERTO APARICIO EN CHIAPAS.

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Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. — La crisis de seguridad que flagela a Chiapas ya no es solo un problema de orden público; ha escalado a un colapso institucional sin precedentes.

Mientras la ciudadanía sobrevive desamparada a jornadas de violencia extrema, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSyPC) opera en un estado de parálisis total, convertida en una institución acéfala bajo la sombra de su titular, Óscar Alberto Aparicio Avendaño.

En los pasillos de la opinión pública y los sectores civiles, su gestión ya no es vista como una estrategia, sino como un “fantasma” burocrático que solo cobra vigencia los días de nómina.

La indignación social ha llegado a un punto de no retorno tras la filtración de un video que documenta brutales e inaceptables actos de tortura cometidos por elementos bajo su mando directo.

Lejos de asumir la responsabilidad histórica de su cargo mediante una estrategia de contención inmediata, transparencia absoluta y el cese fulminante de los agresores, la respuesta del funcionario ha sido el sello de su administración un vacío de poder absoluto, cobijado por el silencio sepulcral y la evasión cobarde.

La barbarie institucionalizada
La tortura no es un error de procedimiento ni una falta administrativa es una de las violaciones más graves a los derechos humanos y un delito que sepulta por completo la legitimidad de cualquier cuerpo policial. Que estas prácticas medievales se ejecuten en las narices de Aparicio Avendaño y que, según los reportes, los perpetradores gocen del tiempo y la condescendencia necesaria para replegarse o darse a la fuga pone al descubierto la alarmante podredumbre en los filtros de control de confianza y revela la complicidad por omisión que impera en la corporación.

Ante una flagrante incapacidad para gobernar las calles, articular a las fuerzas operativas y contener la sangría que sufre el estado, la paciencia social se ha agotado.

En el debate público ya no se discuten promesas de pacificación que a todas luces son imposibles bajo este mando.

Hoy, la exigencia colectiva apela a un mínimo sentido de dignidad y ética profesional Óscar Alberto Aparicio Avendaño debe presentar su renuncia inmediata a un cargo que, desde el primer día, le quedó monumentalmente grande.

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