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MISMA MAÑA EL SAQUEO EN CHIAPAS NO TIENE GÈNERO

DiarioBonampak

MISMA MAÑA EL SAQUEO EN CHIAPAS NO TIENE GÈNERO.

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El discurso oficial en Chiapas ha insistido en que la apertura de espacios políticos para las mujeres —impulsada fuertemente desde el Poder Ejecutivo y reflejada en las alcaldías y el Congreso local— traería consigo una transformación ética en la gobernanza.

Sin embargo, la realidad de los municipios demuestra que la corrupción, las mañas y la ambición no tienen género.

Mientras el estado arde bajo una ola de violencia sin precedentes, extorsiones sistémicas y un evidente desinterés institucional, queda en claro que tanto alcaldesas como alcaldes operan cortados por la misma tijera .

A nivel territorial, la entidad de las mujeres asumieron el liderazgo formal en poco más de una veintena de demarcaciones tras el último proceso electoral.

No obstante, lejos de consolidar una política de transparencia o justicia social, el ejercicio del poder femenino ha replicado con exactitud los vicios de sus homólogos varones.

En las distintas regiones del estado, desde la Sierra hasta las zonas urbanas, legisladoras y presidentas municipales han quedado evidenciadas por mantener redes de extorsión interna y, en los casos más graves investigados por las instancias federales, por presuntos vínculos de complicidad u omisión con el crimen organizado que mantiene el control de las carreteras y el comercio local.

El panorama con los alcaldes mantiene la misma línea de descomposición.

Los recientes golpes judiciales y detenciones de mandatarios municipales en Chiapas como la captura del alcalde morenista de Cintalapa, investigado tanto por desvío de recursos como por tejer presuntas redes de extorsión y nexos delictivos desde la propia presidencia municipal— confirman que las estructuras locales operan bajo el mismo esquema de impunidad sin importar quién firme los cheques.

Mientras los funcionarios de ambos sexos se concentran en asegurar su permanencia, colocar a allegados en las nóminas y desviar fondos públicos, las comunidades enfrentan el colapso de la seguridad, cobros de piso generalizados y una absoluta falta de competencia administrativa.

Chiapas se hunde en medio de una crisis estructural donde la promoción de nuevas figuras políticas, bajo banderas de paridad o renovación, ha servido únicamente como una fachada cosmética.

La podredumbre en los ayuntamientos de la entidad demuestra que las mañas, la complicidad con la delincuencia y la urgencia por robar pertenecen a una misma clase política sin distinción de género.

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