DOS NIÑAS DE 12 AÑOS, MISMA TRAGEDIA LA PESADILLA EN TUXTLA
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DOS NIÑAS DE 12 AÑOS, MISMA TRAGEDIA LA PESADILLA EN TUXTLA
Dos años después del feminicidio de Liliana Guadalupe, la historia se repite en Tuxtla Gutiérrez: Lizbeth, de tan solo 12 años, fue localizada sin vida en un terreno baldío de la colonia Santa Isabel, con signos de violencia y bajo investigación por feminicidio.

Dos niñas. Misma edad, mismo destino atroz y dos familias destrozadas. Ante esta nueva tragedia, la pregunta es inevitable y dolorosa: ¿qué cambió realmente desde el desgarrador caso de Liliana en 2024?Tras las marchas, los discursos y las promesas de entonces, la realidad nos demuestra que poco o nada ha servido para proteger a nuestras niñas.
Mientras la conversación pública se extravía en pleitos políticos, guerras culturales y discusiones en redes sociales, la vulnerabilidad en las calles sigue cobrando vidas inocentes.
La seguridad de las menores no se resuelve cuando el crimen ya ocurrió, entre comunicados oficiales y carpetas de investigación. Se resuelve antes:Con prevención, patrullaje efectivo y respuesta inmediata ante cada denuncia o desaparición.

Con escuelas atentas a detectar señales de riesgo y un Estado que asuma su responsabilidad.Con una sociedad que deje de normalizar la violencia, abandone la indiferencia y deje de justificar los hechos por la condición social o el entorno de las víctimas.
Ni Liliana ni Lizbeth debieron conocer el peligro; debieron estar jugando, estudiando y creciendo.
La educación y los valores en el hogar son fundamentales, pero jamás sustituirán la obligación del Estado de garantizar la vida.
Antes de cualquier etiqueta ideológica o debate de internet, lo elemental es asegurar que cada niña regrese viva a su hogar.
